Notas para contrastar con Negri:
“En rigor, al mercado y a los medios no les importa lo popular sino la popularidad. No les preocupa guardar lo popular como cultura o tradición; más que la formación de la memoria histórica, a la industria cultural le interesa construir y renovar el contacto simultáneo entre emisores y receptores. También le incomoda la palabra ‘pueblo’, evocadora de violencias e insurrecciones. El desplazamiento del sustantivo pueblo al adjetivo popular, y más aún al sustantivo abstracto popularidad, es una operación neutralizante, útil para controlar la ’susceptibilidad política’ del pueblo. Mientras este puede ser el lugar del tumulto y el peligro, la popularidad -adhesión a un orden, coincidencia en un sistema de valores- es medida y regulada por los sondeos de opinión. (…) La manifestación espctaculariza la presencia del pueblo de un modo poco previsible: ¿quién sabe cómo acabará la irrupción de una multitud en las calles? En cambio, la popularidad de cantantes o actoes, dentro de espacios cerrados (…) con un principio y un fin programados, a horas precisas, es una espectacularidad controlada (…) Para el mercado y para los medios lo popular no importa como tradición que perdura. Al contrario, una ley de la obsolescencia incesante nos acostumbró a que lo popular, precisamente por ser el lugar del éxito, sea también el de la fugacidad y el olvido. (…) La definición comunicacional de popular abandona también el carácter ontológico que le asignó el folclor. Lo popular no consiste en lo que el pueblo es o tiene, sino lo que le resulta accesible, le gusta, merece su adhesión o usa con frecuencia. Con lo cual se produce una distorsión simétricamente opuesta a la folclórica: lo popular le es dado al pueblo desde fuera” Nestor García Canclini, Culturas híbridas
