Es la primera ciudad extranjera que visité y mi ciudad favorita (exceptuando Madrid, claro está). Y no he viajado ni de cerca lo mucho que me hubiera gustado y no sé lo que me queda por ver, pero me atrevo a decir que siempre lo será, es lo que tiene estar enamorado. Roma y Venecia me encantaron, pero París para mí es, simplemente, más. Y luego está el mito; el mito pesa… sus mil y una apariciones en el imaginario colectivo del que yo participo. Habría un millón de cosas sobre la ciudad para comentar, pero yo me acuerdo sobre todo de mi última noche allí, sentada en la plaza de Nôtre Dame, mientras se proyectaba, como en un cine de verano cualquiera, una película en blanco y negro que nunca llegué ni a entender ni a identificar, y de una mañana desayunando los mejores donuts que he probado en mi vida, a orillas del Sena. Ojalá pudiera volver pronto. Renuncio a intentar ilustrar el post con fotos de ningún tipo.
